💧 No dejemos que
se sequen los sueños
Más de dos millones de personas en Gaza no tienen acceso a agua potable. Una cisterna de 5.000 litros puede dar vida a 1.000 personas durante una semana.
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Dos años de asedio. El agua, convertida en arma.
Durante dos años de agresiones incesantes, la población de Gaza ha vivido una tragedia que el mundo no puede seguir ignorando. La ocupación israelí ha reducido una tierra entera a ruinas, dejando sin agua, sin electricidad y sin esperanza a más de dos millones de personas.
Lo que hoy se vive en Gaza no es una catástrofe natural, sino el resultado directo de un genocidio continuado: barrios enteros arrasados, pozos bombardeados, redes de agua destruidas y niños que mueren por sed o por enfermedades evitables.
El bloqueo convirtió el agua en castigo colectivo
En muchos barrios, la única agua disponible está contaminada, lo que agrava los brotes de enfermedades. Los ataques sobre infraestructuras civiles —prohibidos por el derecho internacional humanitario— han usado el agua como herramienta de guerra.
Los desplazados se hacinan en refugios sin acceso al agua, y los cortes de electricidad impiden bombear lo poco que queda. La sed en Gaza no es consecuencia del clima.
"Es el resultado de una ocupación que destruye la vida gota a gota."
O comparte su coste con otros donantes. Cada cisterna de 5.000 litros llega esta semana a las zonas más afectadas.
Con aportaciones periódicas ayudas a reconstruir el sistema de agua que fue destruido sistemáticamente.
Comparte esta campaña para romper el silencio. El agua es un derecho humano, no un privilegio.
Cada cisterna es un acto de resistencia. Un mensaje: "Seguimos vivos. Seguimos humanos. Seguimos unidos."
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