Para la mayoría de los niños, volver al colegio es sinónimo de cuadernos nuevos, reencuentros con amigos y la ilusión de empezar curso. En Gaza, en cambio, esa escena lleva tres años sin poder repetirse. El genocidio cometido por Israel contra la población gazatí les ha arrebatado algo tan sencillo como sentarse de nuevo en un pupitre.
La devastación de estos años ha golpeado cada rincón de la vida en Gaza, y la infancia ha cargado con la peor parte: niños y niñas asesinados, heridos, desplazados de sus casas, convertidos en huérfanos o simplemente privados de lo esencial —comida, atención médica, protección y, por supuesto, educación.
Escuelas destruidas, futuro interrumpido
Las escuelas y la infraestructura educativa no se han librado de esta destrucción. Los números, por sí solos, ya dicen mucho:
- 700.000 niños y niñas llevan tres cursos completos sin pisar un aula en Gaza.
- El 98 % de los centros escolares ha quedado dañado o directamente reducido a escombros.
- Hoy, unos 420.000 menores siguen sin ninguna forma de educación presencial.
Cada una de esas cifras esconde una historia de violencia, desarraigo y pérdida. Y detrás de todas ellas, sigue habiendo cientos de miles de críos esperando algo tan elemental como volver a aprender.

Cuando se destruye una escuela, se destruye mucho más que un edificio
No basta con contar edificios caídos para entender el alcance del daño. Lo que está en juego es el desarrollo, la vida cotidiana y el futuro entero de una generación de niños gazatíes. Muchos han visto desaparecer su casa, su barrio y su colegio en cuestión de días; otros tantos han perdido a familiares, profesores o amigos que formaban parte de su día a día.
Un colegio nunca ha sido solo el lugar donde se aprenden matemáticas o idiomas. Es, sobre todo, un refugio: un espacio de protección, rutina y convivencia que, en medio de una emergencia como esta, ayuda a los más pequeños a sentir algo parecido a la normalidad y a seguir imaginando un futuro posible.
Por eso, cuando cae una escuela, no cae solo un edificio. Desaparece un espacio seguro. Se corta de raíz el aprendizaje. Se frena el desarrollo de niños y niñas en plena formación. Y se hipotecan las oportunidades de toda una generación.
Defender la educación en Gaza es, en el fondo, defender la infancia, su dignidad y su derecho a tener un mañana.
Una generación que no puede permitirse seguir esperando
Cada curso que se pierde hace más profunda una crisis educativa que, con el tiempo, resultará cada vez más difícil de revertir. A los niños y niñas de Gaza no les bastará con ver reconstruidas sus casas y sus barrios: tendrán que recuperar años enteros de aprendizaje, volver a levantar sus escuelas, sanar heridas provocadas por la violencia y encontrar de nuevo las condiciones mínimas para poder estudiar.
Reconstruir Gaza tendrá que significar también reconstruir su sistema educativo, su tejido social y, en última instancia, a su gente. Ningún niño debería crecer rodeado de escombros. Ninguno debería pasar años sin volver a entrar en un aula. Y ningún conflicto tendría que condenar a una generación entera a perder el derecho a aprender.
Una vuelta al cole igual de difícil en Cisjordania y en Líbano
La crisis educativa palestina no se queda en Gaza. En Cisjordania y en los campos de refugiados palestinos en Líbano, muchas familias también luchan cada septiembre contra la falta de recursos para cubrir lo más básico del inicio de curso. Una mochila, unos cuadernos, un uniforme: cosas que en otro contexto pasarían desapercibidas, hoy suponen un esfuerzo económico enorme para buena parte de estas familias.
Por eso, desde Fundación CAPP – Comité de Apoyo al Pueblo Palestino, volvemos a poner en marcha nuestra campaña Vuelta al Cole 2026/2027, pensada para acompañar a niños y niñas de Gaza, Cisjordania y los campamentos de refugiados palestinos en Líbano.
El objetivo es simple de explicar, aunque no de lograr: que ningún niño se quede sin aprender solo porque su familia no puede pagar el material escolar.
Una mochila puede ser mucho más que una mochila
Con esta campaña entregamos mochilas, material escolar y otros recursos educativos básicos, dando prioridad a los menores de las familias que atraviesan las situaciones más vulnerables.
Cuando el contexto lo permite, compramos ese material sobre el terreno, junto a nuestros equipos locales. De esa forma no solo cubrimos una necesidad educativa: también inyectamos algo de actividad económica en el pequeño comercio y en las comunidades donde trabajamos.
Puede parecer poco: una mochila, unos cuadernos, unos lápices. Pero ahí dentro cabe mucho más:
- Un niño que vuelve a sentirse estudiante.
- Una niña que puede seguir aprendiendo.
- Una familia que comprueba que no está sola en esto.
- Una forma concreta de plantar cara a quienes están arrasando las condiciones que hacen posible la educación.
Educar también es reconstruir
Reconstruir Palestina no va a limitarse a levantar de nuevo lo que ha sido destruido. Habrá que reconstruir escuelas, recuperar oportunidades educativas, acompañar a una infancia marcada por años de violencia y devolver a cientos de miles de niños y niñas la posibilidad de estudiar, de crecer y de decidir su propio camino.
Levantar una escuela es levantar una comunidad. Entregar material escolar es sostener la continuidad del aprendizaje. Ayudar a un niño a volver a las clases es apostar por su futuro justo cuando todo parece empeñado en arrebatárselo.
En Fundación CAPP trabajamos desde hace años junto a las comunidades palestinas, con equipos propios sobre el terreno que garantizan que la ayuda llega donde realmente hace falta. Frente a las consecuencias del genocidio contra el pueblo gazatí, nuestro compromiso con la infancia y con su derecho a la educación no ha sido nunca tan urgente como ahora.
Súmate a la campaña Vuelta al Cole
Este curso puedes ayudarnos a llenar de futuro sus mochilas. Cada aportación se traduce en material escolar y apoyo educativo real para niños y niñas de Gaza, Cisjordania y los campos de refugiados palestinos en Líbano.
Frente a la destrucción, apostemos por la educación. Frente a un presente marcado por el genocidio, protejamos el futuro de la infancia palestina. Ningún niño debería perder el derecho a aprender.
Palestina vuelve al cole. Ayúdanos a que nadie se quede fuera.
Una mochila no va a devolverle a un niño todo lo que ha perdido. Pero sí puede ayudarle a seguir aprendiendo, a recuperar parte de su rutina y a mantener abierta una puerta hacia el futuro.